jueves, 29 de septiembre de 2011

Federico Moccia


Un ruido de silla que se mueve, como si la hubiesen empujado. Después silencio. Ese silencio pleno. El silencio de los besos. Ese que habla de sueños y fábulas, de tesoros escondidos. Los más bellos.
Y ella lo sabe. Y, mientras, aprieta con más fuerza la almohada; piensa que quizá el amor verdadero sea un amor simple, hecho de días juntos, cada cual con sus propios deberes y aficiones. Un amor hecho de risas y bromas, de proyectos que realizar... Puede que sea preciso viajar antes de saber cuál es la meta adecuada para nosotros.
Quizá, cada vez que amas sea la primera.

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